viernes, 30 de octubre de 2026

Objetos perdidos.




-No te imaginas el susto que pasé.

-Y dónde estaba?

-Ahí en ese rincón. Estaba todo lleno de polvo

-No habrá sido un descuido tuyo?

-No, por favor, tú sabes que yo vivo pendiente de él. 

-No sé, es que todo es tan confuso.

-Mejor vámonos a la cama, te parece?


Tomándolo de la mano, se sumergieron en las sábanas. Y allí estaba, como siempre,  latiendo en medio de los dos. Y aunque él todavía estaba un poco tenso, logró relajarse y podría decirse que fue una buena noche.


Pero 15 días después la situación volvió a repetirse. No estaba. Había un vacío en la cama. 


-Aquí está pasando algo muy raro, dijo él. No entiendo nada y tú?

-Ya he buscado por todos los rincones y no lo encuentro. 

-Buscaste en la cocina? En el baño?


Lo encontraron temblando en el rincón detrás del lavamanos. Mojado. Se veía tan frágil.

Entre los dos lo secaron y lo llevaron al cuarto, envuelto en una toalla. Ambos también se sintieron envueltos en una profunda ternura.


Sin embargo y a pesar de ese sentimiento tan dulce, la noche fue difícil de remontar. Tampoco ayudaba mucho el cansancio, el estrés y que además era lunes y claro, al día siguiente tendrían que madrugar.


Los días pasaron. Las semanas y hasta los meses. La última vez que lo buscaron estaba detrás del macetero del ficus. Y estaba distinto. Envejecido, pálido, como si hubiera perdido peso.


-Lo notaste? Parece otro.

-Si. Ojalá no esté enfermo, dijo ella con tono preocupado.  


De nuevo en la cama, lo taparon con mucho cuidado y lo dejaron descansar.  Pero a la mañana siguiente descubrieron horrorizados que no estaba. 


Durante semanas enteras lo buscaron por todos los resquicios de la casa. Debajo de la nevera. En el sumidero de la ducha. Detrás de los libros de la biblioteca. En la cesta de la ropa sucia. En los bolsos de viaje.  Nada. 


Lo intentaron todo, pero les resultó imposible acostumbrarse a dormir sin él. Entonces fue inevitable. Al cabo de unos meses decidieron separarse.



miércoles, 28 de octubre de 2026

Noviembre Feroz

 



Fiesta de Halloween en el ático de mi amiga Cristina. Un clásico del que siempre pude escapar con elegancia. Sin embargo este Octubre, con tanto trabajo, ni me acordé de buscar una buena excusa para huir del compromiso. 


Acorralada por las circunstancias,  una semana antes me vi comprando por la web un traje de Caperucita Roja. Qué horror. Pero qué otra cosa podía hacer? El mal ya estaba hecho.


Llegó el viernes y con él mi disfraz tan rojo, tan escandaloso, Y sobre todo tan diferente a mi, que tuve que hacer un esfuerzo enorme para salir con él a la calle y tomar un taxi. 


Apenas mi amiga abrió la puerta, una punzada de pánico me atravesó el estómago. Esa fiesta era demasiado para mi, a pesar del cuarteto de jazz.y el ambiente relajado. Por suerte un camarero me rescató, ofreciéndome una copa de champagne. Luego vino otra y otra más. Media hora más tarde y con el miedo adormecido por las burbujas, me atreví a moverme por la espectacular terraza. 


Cuando llegó la media noche, la fiesta explotó. Fuegos artificiales, DJ, música a reventar. Fue justo en ese momento cuando lo vi, en el otro extremo de la terraza. 


40 años, tal vez? Alto, delgado, con un smoking espectacular . Su presencia era majestuosa, en medio de ese caos de ruido y producciones fallidas.  Sin embargo lo que más me llamó la atención fue su antifaz y esas orejas inconfundibles. 


-Qué interesante -pensé.  El personaje de Perrault con antifaz veneciano.


Entonces reparó en mi y asintiendo con la cabeza levantó su copa en gesto de complicidad. 


Petrificada por la sorpresa, solo atiné a buscar con la mirada otra copa salvadora, cuando de repente una voz masculina me susurró al oido.


-Me acerqué para mirarte mejor.


Al girarme, me regaló una sonrisa tan de película que quedé extasiada, aunque algo inesperado rompió el hechizo. De un lado de su boca los dientes estaban donde tenían que estar. Pero del otro, después de los incisivos, se abría una noche oscura, un  hueco negro inexplicable


Será que es un chiste de mal gusto?.  Una prótesis quizá? Pero no. Los dientes no estaban.


Ante ese vacío enorme,  la pregunta se me escapó sin pensarlo.


-Qué le pasa a tus dientes? 


-A mis dientes? -Respondió con la mayor naturalidad y como saboreando las palabras, me dijo acercándose  peligrosamente.


-No pasa nada preciosa, es apenas un detalle menor.  


 Y casi de un zarpazo me encontré atrapada con él abriendo la boca a punto de besarme,  cuando descubrí algo aún peor que la ausencia de dientes. 


Un aliento pútrido, como de baño de carretera, de madrugadas de borracheras  y de días y días olvidados sin tocar una pasta de dientes, salió de lo más profundo de sus entrañas y me estalló como una bomba en toda la cara.  


Ahí sí que no pude más. Me solté bruscamente de su abrazo y salí corriendo perseguida durante horas y horas por la fetidez de su boca. 


Luego de minutos eternos cepillandome la boca con furia bajo la ducha, pude desprenderme de ese olor nauseabundo. 


Definitivamente, Noviembre había empezado de manera feroz. 






Era domingo por la tarde, como siempre.

 



Era domingo por la tarde y ella estaba en su sillón, escuchando a Tom Waits, mientras se tomaba un bourbon con hielo y fumaba un cigarrillo, cuando el ruido del móvil la sacó de su letargo.

-Soy yo. -Dijo tajante el hombre.

-Sí, ya te reconocí. -Dijo ella en el tono más neutro que encontró para ocultar su sorpresa.

-Quiero que me devuelvas mi anillo de bodas.

-Tu anillo de bodas? Pero si nos divorciamos hace más de seis años y tú no te lo quisiste llevar .

-No importa, igual ahora quiero mi anillo.

-No te parece que es demasiado tarde para reclamarlo?

-Cambié de opinión y además es mi anillo, aunque te lo haya dejado.

-Pues cuanto lo siento, porque ya no existe.

-Cómo que ya no existe? Acaso lo perdiste?

-No. Lo vendí para comprarme el reloj que justo tengo ahora en mi muñeca.

-Cómo pudiste vender algo que no era tuyo? Realmente, eres una desgraciada.

-Puede ser, pero mi reloj es hermoso.

-Qué tonto que he sido. Pensé que habrías cambiado pero sigues siendo la misma basura de siempre.

-Si, la misma basura, tal cual. -Y mientras se escuchaba, lo vio todo con claridad. Esa conversación no tenía sentido. Así que cortó y respiró profundo.

-Por qué será que siempre es domingo por la tarde cuando suceden estas cosas? -Se preguntó mirándose la muñeca.

Y riéndose, regresó a Tom Waits y a su bourbon, aunque los hielos se habían derretido y el cigarrillo ya se había consumido.