Era domingo por la tarde y ella estaba en su sillón, escuchando a Tom Waits, mientras se tomaba un bourbon con hielo y fumaba un cigarrillo, cuando el ruido del móvil la sacó de su letargo.
-Soy yo. -Dijo tajante el hombre.
-Sí, ya te reconocí. -Dijo ella en el tono más neutro que encontró para ocultar su sorpresa.
-Quiero que me devuelvas mi anillo de bodas.
-Tu anillo de bodas? Pero si nos divorciamos hace más de seis años y tú no te lo quisiste llevar .
-No importa, igual ahora quiero mi anillo.
-No te parece que es demasiado tarde para reclamarlo?
-Cambié de opinión y además es mi anillo, aunque te lo haya dejado.
-Pues cuanto lo siento, porque ya no existe.
-Cómo que ya no existe? Acaso lo perdiste?
-No. Lo vendí para comprarme el reloj que justo tengo ahora en mi muñeca.
-Cómo pudiste vender algo que no era tuyo? Realmente, eres una desgraciada.
-Puede ser, pero mi reloj es hermoso.
-Qué tonto que he sido. Pensé que habrías cambiado pero sigues siendo la misma basura de siempre.
-Si, la misma basura, tal cual. -Y mientras se escuchaba, lo vio todo con claridad. Esa conversación no tenía sentido. Así que cortó y respiró profundo.
-Por qué será que siempre es domingo por la tarde cuando suceden estas cosas? -Se preguntó mirándose la muñeca.
Y riéndose, regresó a Tom Waits y a su bourbon, aunque los hielos se habían derretido y el cigarrillo ya se había consumido.

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