Era una reina. Y como tal reinaba en las alturas, sentada en su trono frente a la mesa del comedor en el último piso de un extraño edificio, allá en la lejanísima Caracas. Desde allí cuidaba y defendía su reino y sus posesiones. Posesiones que a mi me parecían maravillosas y a las cuales directamente no tenía acceso.
sábado, 27 de febrero de 2021
Catalina La Grande.
Era una reina. Y como tal reinaba en las alturas, sentada en su trono frente a la mesa del comedor en el último piso de un extraño edificio, allá en la lejanísima Caracas. Desde allí cuidaba y defendía su reino y sus posesiones. Posesiones que a mi me parecían maravillosas y a las cuales directamente no tenía acceso.
lunes, 30 de noviembre de 2020
Hola, Pirámide del Sol?
A mi papá lo operaron dos veces de la misma hernia discal.
La primera intervención fue todo un éxito. La segunda, no lo fue tanto.
Para celebrar que todo había salido bien en la que luego sabríamos que fue su primera operación, mi papá se regaló un viaje a NY, su ciudad favorita. Lamentablemente una tarde lluviosa se cayó. Y dónde se golpeó? A los tres meses estaba de vuelta en el quirófano con la espalda y el ánimo muy complicados.
Yo en esa época me había convertido en una especie de “madre sustituta” de mi papá . Vivía preocupadísima por él, como si fuera un niño. Y él qué decía? Se reía de semejante disparate. Pero yo como si nada. Ante tamaña distorsión, cualquier cosa era posible. Y lo fue.
Los resultados de la segunda operación fueron un desastre, al mezclarse magistralmente tres ingredientes explosivos: la negligencia médica, la depresión de mi papá y la locura de su supuesta madre, es decir yo.
La internación que estaba estipulada para 4 días se convirtió en semanas La única certeza que teníamos era que cada día en la clínica significaba muchísimo dinero. Y nuestra situación económica no era la mejor. Qué hacemos? Cómo afrontamos este problema? Obviamente tomando la solución más coherente.
Días antes una amiga me lo había recomendado. Llamé de inmediato al hombre. Me pidió los datos de mi papá: su fecha de nacimiento y el año. Su estatura, su peso. La ubicación exacta de los discos afectados por la hernia y luego de hacer una evaluación solar de su caso, me llamaría.
A los dos días me llamó y me pidió que le llevara a su consultorio un interior de mi papá, una bandeja de madera y una fuente de vidrio lo suficientemente grande para sumergir en ella el interior y poder corroborar el diagnóstico solar y elaborar una estrategia.
Esperé ansiosa nuestro próximo encuentro donde me explicaría las acciones a seguir para que mi papá pudiera salir airoso de la clínica.
-Hay que hacer una conexión con la Pirámide del Sol.
-Con la Pirámide del Sol, en México?
-Sí, la misma. Su papá tiene una deficiencia de luz muy aguda en la columna que avanza por todo su cuerpo y solo una conexión directa con una fuente energética poderosa podrá salvarlo.
-Y cuándo hará esa conexión?
-Hoy mismo.
-Y los resultados?
-A partir de mañana comienza la recuperación de su papá.
Además de la bandeja, el recipiente de cristal y el interior de mi papa, la conexión con la Pirámide y el tiempo implicado en ello no fueron gratis. Yo pagué lo que tenía que pagar.
48 horas después le detectaron a mi papá una Salmonelosis galopante. Volví a mi casa desesperada. Llamé al hombre y le conté lo que estaba pasando.
-Me conecto de inmediato, me dijo
-No hay problemas con la diferencia horaria?
-No. Me conecto ya. El caso es urgente. Llámeme en media hora.
-Así haré.
-Con quién hablabas? Me preguntó mi marido.
Le conté angustiada que estaba esperando la respuesta de la Pirámide.
-Cuál Pirámide?
Media hora después no llamé a nadie. Tampoco me llamaron para darme una respuesta. Mi papá gracias a Dios, salió de la clínica luego de otras dos semanas sin la ayuda energética que me habían prometido. La vida continuó y mi papá ni se enteró de que le faltaba un calzoncillo.
jueves, 5 de noviembre de 2020
Las vidas de Milú
Hugo Broggie me la regaló cuando tendría 5 ó 6 años.
-Se llama Milú como el perrito de Tin Tin, me dijo.
Pero no era un Fox Terrier, era una Caniche blanca. Y me entregó una hermosa bolita de pelos blancos rizados y ojos muy negros. Amor a primera vista.
Milú se convirtió en una hermanita para mi y mi mamá era nuestra mamá. En ese universo cerrado eramos felices las tres.
Gracias a la obsesión de mi papá con la fotografía, conservo un registro visual de muchos momentos compartidos con ella: mi graducación de preescolar muy orgullosa con mi diploma y mi perrita Milú. Años después, sentada en el piso estudiando con mi perrita al lado. Viendo televisión juntas...
Una oscurísima noche murió Milú, luego de dar su paseo nocturno por los jardines vecinos. Estaba cruzando la calle y la atropelló un Volkswagen que arremetió contra ella impasible ante nuestros gritos. Milú murió a los pies de mi mamá, su mamá.
Al día siguiente mi papá me sorprendió con otra perrita. Una ternura de cachorrita Cooker Spaniel, de pelaje dorado a la que bautizamos Milú Segunda.
Irónicamente Milú Segunda fue la antítesis de su predecesora. Era arisca y con muy mal genio. Siempre estaba apartada de todos. No le gustaba jugar conmigo.
A los 6 meses y en brazos de mi papá le metió un mordisco en la cara que casi le arranca un ojo. Nos quedamos helados. La perrita lo adoraba y viceversa. Esa reacción fue a todas luces una alarma de que algo muy malo le pasaba a esta nueva Milú.
Su violencia siguió en aumento. Una tarde la señora Fékete, nuestra vecina, vino a traernos una torta de regalo. Calzaba sandalias. La perrita se abalanzó a los pies de la anciana y comenzó a morderle los dedos. La escena fue dantesca. La torta se estrelló contra el piso. La señora Fékete gritaba de dolor mientras Milú no paraba de aullar y morderla. Resultado, a la señora Fékete le tuvieron que dar varios puntos en una emergencia porque Milú casi le arranca el dedo gordo del pie.
Milú se convirtió en la versión perruna de Dr. Yekyll y Mr Hyde. De día era medianamente normal, pero a la noche se transformaba en monstruo. Se apostaba en el pasillo que comunicaba el comedor con la cocina y a todo aquel que se le ocurriera pasar por ahí lo atacaba a mordiscasos acompañados por aullidos infernales.
Estábamos muy preocupados. El veterinario aconsejó que la cruzáramos. Tal vez así mejoraría su caracter. Por suerte, fue amable con su novio. Tuvo 3 cachorritos. Se comió a uno. Su disfuncionalidad continuó intacta.
Una noche accidentalmente descubrimos un arma para defendernos. Una desvencijada puerta de metal de un viejo mueble de la cocina. El ruido que causó al caerse hizo que la perra huyera despavorida. Esa puerta se convirtió en nuestra salvación.
No fue fácil acostumbrarnos a esa nueva rutina de caminar haciendo ruido con una puerta para ahuyentar a nuestro depredador nocturno. Llegamos a estar tan perfectamente sincronizados que nos pasábamos el "testigo" de la puerta de unas manos a otras. Un descuido en la estrategia nos habría colocado nuevamente en situación de peligro y nadie quería vivir esa desagradable experiencia.
Un día no pudimos más. El veterinario le explicó a mi mamá que Milú era un animal evidentemente muy traumatizado. Qué habría vivido esa perrita para estar tan desequilibrada? Hubo que sacrificarla. Me acuerdo todavía la cara de dolor de mi mamá de regreso del veterinario. Se quedó dormida, me dijo. No sufrió nada.
Volvimos a la normalidad. La vieja puerta de metal dejó de ser nuestro héroe salvador. Mi papá quedó tan afectado que esta vez no salió corriendo a reemplazar a nadie. Para todos quedó claro que la dinastía de las “Miluses” había terminado ahí y que la próxima mascota tendría, por lo menos, otro nombre.
viernes, 16 de octubre de 2020
Sombras Tenebrosas
Llegó un día en el que mis abuelitos se vinieron abajo. Literalmente. Dejaron de vivir en la planta alta de la casa y se instalaron con nosotros. La razón? La salud de ambos se había desplomado.
Fue muy duro para todos por lo repentino de los acontecimientos. Un día mi adorada abuelita Lila, se sintió muy mal. Siempre había sufrido del estómago. Pero sus padecimientos estomacales desembocaron en la palabra prohibida: cáncer.
Por supuesto, yo ni sabía lo que era eso. Tampoco me lo dijeron. Solo supe que mi adorada abuelita un día ya no estaba en la casa. Y no volvió.
Ese fin de semana mi papá me llevó al departamento de Ruth y Paco. Pasé con ellos dos días hermosos. Me acuerdo que Ruth me regaló un extraño y maravilloso libro “Historia de las Religiones Orientales”. Quedé fascinada con las ilustraciones. A partir de ese libro, decidí cambiarme el nombre a Shiva…
Pero el fin de semana terminó. Siempre terminan. Y cuando regresé a la casa, mi mamá salió a recibirme en el jardín con un lindo vestido de flores que había comprado en Nueva York. Ese vestido me encantaba. Pero la noticia que acompañó a ese vestido fue muy triste. Mi abuela Lila había muerto. Mis padres me habían ahorrado la noticia, el funeral, el entierro. Y estoy segura de que mi mamá escondió todo su dolor y su tristeza detrás de ese hermoso vestido que se había puesto para recibirme.
Mi abuelo Yea como yo lo llamaba, se quedó solo en la planta baja con nosotros. Empezó su caída. No pudo con la muerte de su compañera de toda la vida. Por las noches hacía un ruido extrañísimo con los dientes que no nos dejaba dormir. A mi mamá la confundía con su hermana Juanita, la mamá de Conchita, y cuando le decía que no era Juanita sino su hija Flor, mi abuelo se disculpaba muy cariñosamente por el equívoco. No servía de mucho, a los minutos volvía a llamarla Juanita.
A mi perrita Milú la llamaba “Pescado Frito” y de mí, ni se acordaba. Pero eso sí, cuando mi mamá le decía que yo era su nieta, la cara de mi abuelo se iluminaba y daba gracias a Dios de tener una nietita tan linda. Yo también le daba gracias a Dios. Al menos, en medio de la debacle, yo lograba vislumbrar rastros de su infinita ternura, esa que tanto amaba de él.
Al poco tiempo también falleció, consumido por el dolor de la muerte de su adorada Lila.
En esa época tan triste de mi vida, mi mamá y yo veíamos en la tele Sombras Tenebrosas, la historia de un vampiro que vagaba por el tiempo buscando a su amada.
Algo parecido a la historia final de mi abuelito Yea. Solo que Barnabás Collins era un vampiro y Jesús Garcia Lezama siempre fue un poeta.
miércoles, 30 de septiembre de 2020
Llegaron los indios!!!!
El 15 de Julio, de 1967, dos semanas antes de esta historia y en Miami, una Miss Venezuela, Mariela Pérez Branger, quedó a milímetros de ser coronada Miss Universo. Dos semanas, una eternidad en términos de información. Pero eran los lejanísimos años 60' y no había transmisiones en directo. Así que tuvimos que esperar.
Yo no sé si la noticia de la nueva Miss Universo tuvo mucha difusión en la prensa local, me imagino que no, porque el resultado no fue my feliz, arrebatándole por un voto el cetro de la belleza universal a nuestra digna representante.
Lo que sí sé con certeza absoluta, es que la noche del 29 de julio de 1967 yo me sentía inmensamente feliz cenando frente al televisor acompañada por mi perrita Milú y la empleada de aquel entonces en mi casa, la plural -porque a todo le agregaba una “s”- Bertas Bellos de Jiménez, para ver el concurso de belleza más importante del universo.
Me acuerdo que mis papás estaban en el living negociando con un tapicero italiano el precio para retapizar los muebles del recibo. Y también, que mi mamá entró un momento en la salita de la televisión para preguntarnos si ya había comenzado el desfile. Para todos, esa retransmisión del Miss Universo era algo muy importante. Lo estábamos viendo y estaba sucediendo.
Pero la felicidad nos duró apenas 35 minutos. A las 8:05 de la noche un ruido extrañísimo nos arrancó del embeleso. Yo corrí inmediatamente a buscar a mi papá para darle la noticia. Estaba segurísima. Ese ruido no podía ser otra cosa: “llegaron los indios, llegaron los indios”… Mi papá me cargó nada más verme y yo me solté para cargar a mi perrita Milú. A los indios había que recibirlos como corresponde, y mi amada Milusita tenia que estar conmigo.
De repente me di cuenta de que todo se movía a nuestro alrededor, mientras mi mamá estaba paralizada aferrada al marco de la puerta de la casa y mi papá trataba de soltarla. En cuestión de segundos todo se convirtió en caos y aquello se trataba de cualquier cosa menos de la llegada de indios, que yo me los imaginaba al mejor estilo del “Llanero Solitario".
Mi papá nos abrió la puertas de su auto y corrió con Bertas Bellos de Jiménez a buscar en la parte de arriba de la casa a mis abuelitos y a sus invitadas, que estaban cenando luego de una tarde de canasta, cuando empezó el terremoto.
Cómo llegaron a sus respectivas casas María Velazquez y Doll Nuñez, las sempiternas y muy viejitas amigas de mi abuela Lila, no lo sé. La tercera invitada, Gioconda Yoris, lo tuvo más fácil porque era nuestra vecina. Sí sé que en menos de 5 minutos, en el Mercedes Benz de mi papa nos encontrábamos mis abuelitos, mis papás y yo como en medio de una película de zombis vivientes. Escuchábamos gritos, llantos, gente corriendo sin rumbo de un lado para el otro...
Yo, sin embargo, estaba muy preocupada porque mi papá en esa especie de división territorial improvisada, ubicó a Bertas Bellos de Jiménez y a mi amada Milú en el auto de mi mamá. A mí ese vejestorio de los años 50 rosa y vainilla, no me parecía confiable. Y más cuando luego del caos inicial, cayó un diluvio de dimensiones “universales” en toda Caracas.
Dentro del auto, mi papá intentaba captar una emisora de radio para encontrar información. Nada. Era 1967. De repente paró de llover y vino el silencio. Qué hacemos? Entramos? Dormimos aquí? Mi papá fue a ver cómo estaban Bertas Bellos de Jiménez y Milú. Había entrado agua en el vejestorio rosa y vainilla.
Ahí decidió que todos volveríamos a la casa. A dormir en el living con las puertas abiertas. No pudo ser. El tapicero se había llevado todos los muebles. Tuvimos que dormir en las habitaciones. Yo dormí. Tenía apenas 6 años.
El domingo fue un día tristísimo. De a poco, nos fuimos enterando de las dimensiones del terremoto. De los muertos. De las historias trágicas. Y de las huellas que por muchos años nos marcaron a todos los que vivimos esa traumática noche del sábado 29 de Julio de 1967.
A partir de ese domingo dejé de ver “El Llanero Solitario" y empecé a odiarlo. No pasó lo mismo con el Miss Venezuela, el Miss Universo, el Miss Princesita, el Miss Mundo… A mí también me habría encantado ser una reina de belleza.




